¿Otra versión más de Las Cuatro Estaciones?

Mundoclásico | 16 marzo 2012

Y lo cierto es que sus ideas, que se traducen en modificaciones extremas del tempo, dinámicas y crescendo subito casi imposibles, una extraordinaria riqueza tímbrica, incluso el uso muy puntual de añadidos electrónicos (las reverbs al final del Allegro de la Primavera o el Adagio molto del Otoño) dibujan unas Cuatro Estaciones que, en comparación con lo muchísimo que ya existe en el mercado, resultan extraordinariamente excitantes y originales.


En un principio pensaba enviar este disco para su reseña a alguno de mis compañeros especialistas en música antigua, pero hubo una frase en la conversación que sostuve con Stefan Winter, productor del disco y cabeza pensante del sello Winter & Winter, que me hizo cambiar de opinión: “Estas Cuatro Estaciones -dijo- responden al momento presente, ni más ni menos. No hubieran sido posibles hace 10 años y dentro de 15, probablemente, ya no conservarán el mismo sentido que tienen ahora.”

Me resultó obvio que Winter creía haber publicado un disco de música contemporánea, no de música antigua. Y por si la versión que firma Forma Antiqva no fuera ya suficientemente elocuente a ese respecto, Winter todavía ha decidido completarla con cuatro canciones de Theo Bleckmann y Uri Caine sobre los sonetos que, presuntamente, escribió Vivaldi para acompañar a estos conciertos.

Siempre he observado con interés, aunque también con cierto escepticismo, la presunción de tantos músicos de música antigua de que ellos, en realidad, hacen música contemporánea. Ciertamente, el movimiento HIP es, por su propia esencia, un gran canto a la creatividad, especialmente desde que consiguió liberarse del dogmatismo que lo hizo posible en sus inicios. Durante las últimas dos décadas, el repertorio antiguo ha sido un campo de experimentación estética inagotable para infinidad de grupos, liberados ya de la carga de una presunta autenticidad. Y Las Cuatro Estaciones, objeto contínuamente revisitado para lecturas a menudo radicales de su contenido, ha sido quizá la obra fetiche de esta segunda etapa del HIP, además de el terreno sobre el que se ha producido una de las carreras más locas en los anales de la interpretación y la discografía.

Tengo la sensación de que el pistoletazo de salida tuvo lugar con la superventas versión firmada en 1989 por Nigel Kennedy. En ese momento algunos debieron darse cuenta de que la introducción de pequeñas novedades interpretativas en una obra como Las Cuatro Estaciones podía suponerles un gran éxito de ventas, amplificación y renombre. Si Kenney fue el primero, el punto de inflexión fue, sin lugar a dudas, Las Cuatro Estaciones que Il Giardino Armonico presentó a finales de 1994 en Teldec: nunca antes se habían escuchado unas Cuatro Estaciones tan rápidas, tan subjetivas y, por qué no decirlo, iconoclastas, con ese Largo del Invierno que, de hermosa melodía contemplativa, había pasado a ser casi una bachata. Y con Il Giardino se desató la locura. Más de 100 nuevas grabaciones de Las Cuatro Estaciones han aparecido en el mercado desde el 94 hasta hoy, de todo tipo: con instrumentos modernos -Ann-Sophie Mutter con los Solistas de Trondheim (1999), Janine Jansen (2005), Sarah Chang con la Orpheus Chamber Orchestra (2007), Nemanja Radulovic con la Double Sens Orchestra (2011), por citar algunas de las más conocidas-; instrumentos históricos -entre las más destacadas la de Giuliano Carmignola con Sonatori de la Gioiosa Marca (en el mismo 1994), también la de Carmignola con la Venice Baroque Orchestra (2000), Stefano Montanari y la Accademia Bizantina (2003), incluso el demasiado estrafalario acercamiento de Fabio Biondi con Europa Galante (2003)-; por último, y sobre todo en fechas más recientes, versiones en las que instrumentos y técnicas históricas y modernas se mezclan indistintamente -Midori Seiler con la Akademie fur Alte Musik Berlin (2009) o este mismo CD de Forma Antiqvua valdrían como ejemplo-.

Obviamente, cuando Las Cuatro Estaciones se aborda como un texto contemporáneo y abierto, se justifican una serie de opciones que no serían admisibles tratándose de un acercamiento presuntamente historicista. Para empezar, Forma Antiqva decide romper con la tradicional dicotomía solista/orquesta: el violín de Aitor Hevia no se entiende en ningún momento de esta grabación como una figura destacada del resto, sino como un elemento concreto con tendencia a lo individual dentro del conjunto general de todos los instrumentos. El violín realiza una función fundamental articulando las diferentes secciones, el desarrollo dramático del contenido programático, gestionando las relaciones camerísticas que se van formando y, sobre todo, aportando la dimensión íntima frente a la expansividad de los tutti orquestales en esta versión marcada por los grandes contrastes. Pero aquí no hay un solista típico, inmerso en la visión virtuosística de su propia ejecución. La producción también se encarga de subsumir al violín solista en el conjunto camerístico: en el Allegro de la Primavera, en el pasaje del canto de los pájaros, ya no se percibe al solista interactuando con los otros violines, sino un pequeño caos sonoro en el que los tres violines cantan como tres pájaros en la naturaleza, es decir, caprichosamente, sin demasiado concierto y sin preocuparse por la claridad del contrapunto.

Otro ejemplo claro de cómo la producción sumerge al solista en el flujo general se da en el Allegro mà non molto del Verano, en el que los pasajes en piano son tocados extremadamente piano por Hevia, captado con una microfonía muy cercana -se puede escuchar su respiración-, y con el resto de instrumentos (tiorbas, laudes y clave, el contrabajo y el órgano) agigantados en su presencia sonora con respecto a la del violín. El efecto es extraordinariamente intenso y hasta teatral, en especial cuando acto seguido llegan los atronadores tutti orquestales. Tres cuartas partes de lo mismo se puede decir del Adagio, en el que la cuerda juega con distorsiones tímbricas como sul ponticello muy marcados, que acercan aún más el conjunto a una sonoridad contemporánea.

Además de infinidad de detalles como estos, extraídos de una lectura que casi se podría tildar de visual en su descripción del contenido programático, Forma Antiqva y Aarón Zapico abordan todos y cada uno de los recovecos de estas Cuatro Estaciones con el alto riesgo de darles una significación poderosa en el ámbito dramático. Cada momento, cada nota, parece haber sido fruto de una reflexión previa para dotarla de sentido en un ámbito general. Una visión realmente interesante, ahora que las teorías del story telling están tan en boga. Y lo cierto es que sus ideas, que se traducen en modificaciones extremas del tempo, dinámicas y crescendo subito casi imposibles, una extraordinaria riqueza tímbrica, incluso el uso muy puntual de añadidos electrónicos (las reverbs al final del Allegro de la Primavera o el Adagio molto del Otoño) dibujan unas Cuatro Estaciones que, en comparación con lo muchísimo que ya existe en el mercado, resultan extraordinariamente excitantes y originales. En gran parte por las opciones interpretativas y la gran calidad de los intérpretes, lógicamente, pero también es justo reconocer que la producción, la parte técnica, es una de las más detallistas y artísticas que yo haya escuchado jamás en una grabación de estas características.

Además de los cuatro conciertos, por los que ya valdría la pena la adquisición de este disco, el lanzamiento se complementa con Cuatro canciones compuestas por Theo Bleckmann y Uri Caine sobre los cuatro poemas escritos por Vivaldi, musicalizaciones en las que predomina la voz, el piano y los efectos electrónicos. Cuatro hermosas canciones bastante diferentes entre sí y con una relación a veces muy obvia, otras nada en absoluto, con la música de Vivaldi. Un último extra, para los amantes del arte, son las ilustraciones creadas ex-profeso para el disco por Marcel van Eeden, tan de moda últimamente.

Le Quattro Stagioni · The Four Seasons

Il Cimento dell’Armonia e dell’Inventione
The Contest between Harmony and Invention

Aitor Hevia; Theo Bleckmann; Uri Caine; Aarón Zapico;

Winter & Winter febrero 2012

15 eurosGastos de envío incluidos para España.
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Premios

Premio GEMA al Mejor Grupo de Música Barroca (s. XVIII) y del Clasicismo 2016.

Premio GEMA a la Mejor Producción Discográfica 2016 por "Crudo Amor - Agostino Steffani" (Winter & Winter).

"Asturiano del Mes" del periódico La Nueva España, Excelente Audio Clásica, Excepcional Scherzo, Goldberg 4 estrellas, "Grupo del Año 2010" de la TV del Principado de Asturias, Melómano de Oro, Nomination ICMA 2011, 2012 & 2014, Prelude Classical Music, "Premios de la Música en Asturias" 2012, Premio Serondaya a la Innovación Cultural 2012, Recomendado CD Compact, Ritmo Excelente, Supersonic Pizzicato.

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